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El Ministerio de Salud de Mendoza oficializó el cierre de los servicios de Maternidad y Neonatología del Hospital Saporiti en Rivadavia, argumentando razones de seguridad sanitaria debido a la baja tasa de natalidad en el establecimiento. La medida, que busca centralizar las intervenciones en centros de mayor complejidad, generó un fuerte rechazo entre los profesionales del área. Como respuesta a la reubicación forzosa hacia otros centros o guardias pediátricas, la mayoría de los médicos neonatólogos decidió solicitar sus licencias anuales reglamentarias, profundizando la tensión entre el personal y el Gobierno provincial.

En medio de esta disputa administrativa, un parto de urgencia ocurrido el pasado lunes puso a prueba el nuevo esquema de guardia mínima. Una paciente en periodo expulsivo debió ser asistida de emergencia en las instalaciones del Saporiti por un profesional que ya había sido reasignado. Aunque el nacimiento fue exitoso, el recién nacido requirió atención especializada en neonatología, servicio que ya no estaba operativo en el lugar, lo que obligó a un traslado inmediato hacia el Hospital Perrupato en San Martín. Este episodio ha reavivado las críticas de los médicos, quienes advierten que las distancias prolongadas ponen en riesgo la vida de madres y bebés.

Por su parte, las autoridades sanitarias, encabezadas por el ministro Rodolfo Montero, sostienen que la decisión es irreversible y necesaria para garantizar estándares de atención óptimos. Mientras el jefe de Ginecología del hospital asegura que el personal de planta continúa atendiendo consultas externas y cirugías ginecológicas, el conflicto con los especialistas de neonatología sigue estancado. Los profesionales exigen que se respeten sus condiciones laborales y se habiliten consultorios externos específicos de su especialidad, en lugar de ser destinados a reforzar guardias pediátricas generales donde se sienten subutilizados.

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