
Tesla ha vuelto a sacudir la industria automotriz al realizar una demostración técnica de la nueva generación del Tesla Roadster equipada con el esperado paquete SpaceX. El vehículo utiliza un sistema de unos 10 propulsores de gas frío comprimido que le permiten despegar unos instantes del suelo, mantenerse en el aire y realizar maniobras aéreas antes de aterrizar. Esta tecnología, adaptada de los propulsores utilizados por los satélites para orientarse en el espacio, permite generar el empuje hacia abajo necesario para vencer temporalmente la fuerza de gravedad sin recurrir a la combustión tradicional de un cohete.

Aunque el espectáculo de ingeniería ha generado un gran entusiasmo, existen dudas sobre la viabilidad comercial y el uso diario de este tipo de funciones. El sistema de gas comprimido ofrece ráfagas de potencia muy breves y de alto nivel sonoro, por lo que su aplicación en vías públicas afronta estrictos desafíos de homologación y seguridad. No obstante, este prototipo coloca a la firma de Elon Musk a la vanguardia conceptual de la movilidad del futuro, desafiando los límites entre un superdeportivo eléctrico y un vehículo volador.
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